Última modificación: 2026-08-14
Resumen
La sexualidad femenina ha sido históricamente regulada por mandatos de género vinculados al amor romántico, la maternidad, la complacencia sexual, el silenciamiento del deseo y la vigilancia corporal. Desde una perspectiva feminista, resulta necesario comprender el empoderamiento sexual no como un proceso individual o lineal, sino como una construcción situada, relacional, corporal y política.Con el objetivo de comprender, desde una perspectiva feminista, las vivencias y significados que mujeres adultas mexicanas construyen sobre su sexualidad y los procesos de empoderamiento sexual como agencia situada autonomía corporal y resistencia a mandatos de género.
Se realizó un estudio cualitativo, en el que colaboraron 10 mujeres adultas mexicanas, convocadas mediante redes sociales. Se realizaron entrevistas semiestructuradas de manera individual, todas firmaron el consentimiento informado; posteriormente se realizó un análisis temático reflexivo con perspectiva feminista, considerando la posicionalidad de la investigadora y el carácter ético de trabajar con narrativas íntimas sobre el cuerpo, deseo, placer y violencia.
Los resultados muestran que la sexualidad femenina se configura en tensión entre mandatos de género y procesos de empoderamiento sexual situado. Se mencionaron experiencias de silenciamiento del deseo, violencia sexual, amor romántico, presión a la maternidad, barreras en salud sexual y vigilancia corporal. Asimismo, emergieron procesos de resistencia, reapropiación del cuerpo, búsqueda deplacer, comunicación de límites, redes entre mujeres y resignificación de la propia historia sexual.
El empoderamiento sexual femenino no puede comprenderse como seguridad individual o libertad plena, sino como un proceso situado de soberanía corporal, sexual y narrativa. Esta lectura aporta a la psicología feminista y a la psicología de la salud al reconocer la sexualidad femenina como dimensión del bienestar integral, atravesada por placer, consentimiento, salud sexual, vínculos, cuerpo, violencia y condiciones materiales. Asimismo, permite orientar intervenciones psicológicas y de salud más sensibles al género, no patologizantes y centradas en la autonomía corpotal.